miércoles, 15 de marzo de 2017

Panamá obliga a los cubanos a cumplir su ley migratoria

La firma reciente de un memorando de entendimiento con Cuba para protocolizar las deportaciones de sus nacionales y la decisión de hacer cumplir la ley migratoria por los extranjeros, constituyen hoy un giro político de Panamá.

Una treintena de cubanos fueron repatriados a la Isla en las últimas semanas, varios de ellos antes de los acuerdos, aunque las negociaciones para lograr el pacto comenzaron en septiembre pasado, dijo Javier Carrillo, director del Servicio Nacional de Migración (SNM).

Si no se retiran voluntariamente, los 400 antillanos que aún permanecen en albergues de la Iglesia Católica, la población fronteriza de Lajas Blancas y el SNM, serán devueltos a su país de nacimiento, lo que es “obligatorio, no voluntario”, sentenció.

El que no se quiera acoger, tendremos que aplicarle la ley. Hay algunos que de manera voluntaria están acogiéndose a la deportación. No podemos permitir que el país se convierta en centro de acopio de indocumentados”, aseguró el funcionario.
Afirmó Carrillo que “estamos haciendo valer la ley migratoria panameña, pues no podemos permitir que todo el mundo entre libre por la frontera sin cumplir los requisitos migratorios”, y recordó que México y Estados Unidos deportan a estos irregulares, y “no tiene el sentido la travesía por aquí, sí, serán deportados”.

Sobre la opción recurrida por algunos cubanos de buscar asilo a través de la gubernamental Oficina Nacional para la Atención de los Refugiados (Onpar), el director del SNM dijo que su institución no participa del análisis, y se subordina a la decisión de la Onar.

Esa es una opción que tendrían los irregulares, quienes deben cumplir los requisitos para obtener tal estatus, y aunque “no hago juicios de valor porque no es mi tema, me parece muy extraño que alguien se declare perseguido y salga legal (de su país) por un aeropuerto; eso no suena lógico”, afirmó.

Sobre el protocolo de deportación mutua firmado con Cuba, señaló que incluye detalles de cómo deben hacerse las entregas, lugares de desembarque, información y comunicación consular, dispositivo de seguridad, entre otros, los cuales se siguieron igualmente con irregulares enviados a la isla, antes de contar con el procedimiento firmado.

Este acuerdo para las deportaciones no tiene antecedentes en el historial entre ambas naciones y el funcionario explicó que se mantienen igual todos los demás tratamientos de visados y exención de los mismos para misiones oficiales.

Las primeras deportaciones bajo palabra se hicieron de manera satisfactoria para ambas partes, pero en la actualidad es más fluido y tenemos en lista alrededor de 25 personas que serán los próximos deportados a Cuba, enfatizó al insistir en el cumplimiento de la ley.

Sobre otras nacionalidades que participaron del flujo migratorio masivo en los últimos tres años, el director del SNM informó que solo en 2016 pasaron por territorio panameño unos 20 mil haitianos, mientras desde el 2015 hasta el año pasado lo hicieron más de 30 mil cubanos.

Reconoció que estos son migrantes económicos, quienes tienen el derecho a buscar mejoras para su vida, lo cual es un tema indiscutible -opinó-, pero tienen que hacerlo dentro del ordenamiento jurídico y de una manera ordenada, no irregular.

Carrillo confirmó que el presidente del país, Juan Carlos Varela, dio instrucciones para que se otorguen mil visas mensuales a cubanos para que viajen como turistas a Panamá, el doble de las actuales; sobre los mismos particularizó que entran y salen al territorio, porque gozan de visado múltiple.

Sin estigmatizar en una nacionalidad, el comisionado se refirió al conflicto surgido en la frontera oeste con Costa Rica, por la negativa del reingreso a turistas, en su mayoría venezolanos, quienes retornaban para iniciar el ciclo de permanencia en calidad de visitantes extranjeros por seis meses.

Les estamos diciendo que no pueden hacer ese juego más y está abierta la oportunidad a que la gente se legalice, y si bien se les prohibió la entrada a unos 70, se autorizaron a más de mil, dijo, porque en poco tiempo ocho mil hicieron esa acción de ir y regresar en pocos días.

“Hemos decidido que eso no puede ser”, sentenció; y calificó la acción de migración Express, la cual evitan todos los países que tienen similares leyes.


  • Raul dijo:
    Consideramos que es una medida soberana y lógica, de Panamá, por lo que hay que respetarla, y estamos de acuerdo en que ningún país permita una inmigración desordenada, también se observa un interés de Panamá de facilitar la visita de cubanos, pero bien, algo en lo que deben cambiar es la forma de solicitar la visa, hoy es un gran problema, por la forma en que está establecido, además de que está siendo utilizada para que unos, de forma inescrupulosa, la utilicen para obtener beneficios monetarios, un turno para solicitar la visa a Panamá, cuesta, en la calle 500 cuc, es por ello que se debe dar la opción de la solicitud hacerla vía INTERNET, algo más asequible hoy para todos los cubanos, no así como los teléfonos, y además se eliminaría la corrupción que hoy se lleva a cabo con la venta de los turnos.
    Soy un cubano que deseo viajar a Panamá, al igual que mi esposa, no para quedarnos, pero nos ha resultado imposible establecer comunicación con la embajada de Panamá en Cuba.
  • ALBERTO dijo:
    Considero correcto y razonable el derecho de Panamá a establecer sus normas para la inmigración y celebro el incremento a mil visas mensuales, sin embargo el procedimiento para obtener la cita para entrevista “por via telefonica solamente los jueves de 2:00 a 4:00 pm es realmente una “misión imposible”, Conozco personas que han estado llamando durante 6 y 8 meses sin ningun resultado incluso para visitar a su familia que vive en ese pais.
  • vilma dijo:
    Porque es “obligatorio” que los cubanos regresen a Cuba, acaso emigrar no es un derecho humano, acaso no entiienden que las personas que dieron eso paso ya no quieren vivir mas en Cuba por el motivo que sea???
    Como despues critican a Francia, Turquia y demas paises cuando intentan lidiar con campamentos de miles de emigrantes??? No hablen de doble resero…
  • Arturo@1975 dijo:
    La migracion es un tema muy delicado, no creo que nadie abandone su hogar permanentemente, solo por puro placer. El emigrante siempre busca el objetivo de mejorar su vida o de huir de algo que le puede hacer daño, nadie lo hace por placer, o para saber como se vive en otro lugar. Los cubanos siempre fuimos privilegiados por las leyes norteamericanas, hasta que se firmo el acuerdo entre Obama y Cuba para eliminar “Pies secos, Pies mojados” ya eso no es asi y nos maltratan como lo hacen con los demas megrantes, los demas gobiernos protestan por el maltrato a los migrantes, Cuba siempre insistió mucho en que a los cubanos le dieran el mismo tratamiento que a los del resto de los paises. De Cuba, la mayoria emigra por problemas economicos, muy pocos por temas politicos, tan pocos que es casi cero. Todos aspiramos a vivir mejor. Todos quisieramos con el paso de los años poder con los ahorrros de nuestro trabajo, poder ir de vacaciones aunque sea a un lugar turistico en Cuba, no tiene que ser en el extranjero. Con el salario, eso NO se puede hacer. Todos quisieramos aunque sea solicitando un credito, poder adquirir un vehiculo y asi nos evitariamos las largas colas y las molestias crecientes del ineficiente transporte publico. En Cuba con el salario eso no se puede lograr, si no tienes un familiar con bastante dinero en el exterior o tienes un negocio particular rentable. Verdad que existe una educacion gratis y de calidad, salud gratis y de calidad, tranquilidad y poca violencia, acceso al deporte y la cultura, pero nos falta lo material, que tambien es muy importante, lo material aca en Cuba es escaso y muy, extremadamente muy caro, desmedido en precio diria yo. Esa son las principales razones del emigrante cubano, que lo material en esta isla, esta lejos para los trabajadores estatales, y si nuestras necesidades materiales no son cubiertas con el salario, se busca una salida entre muchas, pero la emigracion es una. Tengo familiares cubanos que en su momento emigraron a Ecuador, Mexico y EUA, En Ecuador, que es de los 3 el mas pobre, economicamente hablando, ya ellos tuvieron la posibilidad de con un credito de un banco poderse comprar un vehiculo que iran pagando con el tiempo e intereses, claro con todos los requisitos que pide el banco que no son pocos y bastante rigurosos, pero solo llevan en Ecuador 7 años, y ya en 2016 lo pudieron hacer. Y aunque mis familiares reconocen que hay muchisimas cosas buenas en Cuba, tambien reconocen que estas cosas importantes nos faltan.
  • rafael dijo:
    como dice el escrito ellos dicen que son perseguidos y salen normal por un aeropuerto, que no sean tan descarado y digan la verdad, nosotros aca en cuba sabemos bien que no son perseguidos en nuestra isla a nadie se le persigue a no ser que viole nuestras leyes
  • ramiro dijo:
    El doble rasero del tema migratorio…
  • Raul dijo:
    Y despues hablamos del trato de inmigrantes que tiene los Estados Unidos con los latinos, cada pais tiene el derecho de dejar entrar en su territorio al ciudadano que le plasca, ahora los botan para cuba como si nada, y entonces despues hablan que los norteamericanos estan sacando a los inmigrantes, la politica…..
  • pan duro dijo:
    Son igules a Trum , que egoismo , se deben construir puentes …y saber que Cuba lo solidaria que es , es una verguenza pues los cubanos somos personas educadas.
  • felix b dijo:
    no entiendo como defendemos a los indocumentados mexicanos en estados unidos y no podemos hacer lo mismo con los nuestros en cualquier pais

jueves, 9 de marzo de 2017

Ser o no ser, esa no es la cuestión

Por Carlitos 

No es lo mismo ser contrarrevolucionario que no revolucionario.

El apoyo masivo a la Revolución es una circunstancia asociada al entusiasmo inicial por un proyecto que transformó radicalmente una sociedad torcida y corrupta. A ello se sumó la capacidad movilizadora de liderazgos irrepetibles como los de Fidel y el Che.

Sin embargo, ya no son esos tiempos. Después de años de desgaste producto del enfrentamiento a agresiones externas y los errores propios, muchos cubanos viven su vida sin una conexión directa con el proyecto social. Otros quieren lo mejor para Cuba y, sin embargo, no comparten completamente el rumbo seguido o por seguir.

Siempre he reclamado el derecho a ser revolucionario, porque a veces pareciera que "no se usa" serlo, pero siento el deber de respetar a los que no lo son, no solo por derecho (somos parte del mismo país), sino porque no se puede negar su capacidad de aportar.

¿Por qué debemos negar la posibilidad de participar a quienes no tienen una actitud militante? O, ¿por qué debemos negar la participación a quienes militan o debaten desde posiciones diferentes? Unos y otros pueden ser no revolucionarios, pero no tienen por qué ser contrarios al proyecto. Los límites son claros, para aquellos que niegan la posibilidad de la Revolución a existir en contubernio con intereses anexionistas.

¿No es acaso la tarea primera de los revolucionarios enamorar, sumar y hacer parte al resto? ¿No es eso los que nos enseñaron nuestra historia y nuestros íconos? Ninguna idea será suficientemente revolucionaria si se defiende negando el derecho de otras ideas a existir. Lo revolucionario implica también humildad y capacidad para dudar sobre lo propio en que se cree.

Sería ingenuo suponer que muchas formas de pensamiento alternativas son espontáneas. Está suficientemente documentada la labor del gobierno norteamericano y otros occidentales por subvertir el Socialismo en Cuba construyendo plataformas artificiales de pensamiento.

Pero sería irresponsable suponer que toda idea que no comparta las medidas o rumbos que toma el gobierno cubano tiene un proyecto de subversión atrás. No todo es capitalismo camuflado de tercera vía; hay ideas diferentes que pueden ser auténticas. En definitiva, nadie tiene la verdad sobre un Socialismo que está por construir.

Tampoco es serio suponer que todo dinero extranjero tiene fines anexionistas. Pregúntese, por ejemplo, de dónde sale el financiamiento de muchos de los proyectos académicos de nuestras universidades, incluso en el campo de las ciencias sociales. ¿Les llamaremos también contrarrevolucionarios o proimperialistas?

La principal conquista de la Revolución no es la educación y la salud, no son nuestros médicos internacionalistas, no son los bailarines, escritores, pintores o cineastas de fama mundial, no son las medallas olímpicas. Esas son conquistas importantes, trascendentales, pero reversibles. La principal conquista y fuerza capaz de reproducir la Revolución es un pueblo que sabe pensar por cabeza propia y con un sentido distinto de la ética.

No podemos seguir discutiendo en las redes como si la gente necesitara manuales para saber dónde está lo bueno y lo malo. La lucha ideológica no es algo tan simple. Los cubanos saben lo que deben saber. No lo sabe cada uno por separado, lo sabe esa construcción invisible (más invisible y poderosa que la mano invisible del mercado) que es la conciencia social.

Y si dañino es asumir como contrarrevolucionaria toda actitud o idea no revolucionaria, dañino es que se pretenda asumir como revolucionaria aquella actitud que no admite crítica alguna, que solo ve la Revolución como una cuestión a defender del malecón hacia afuera.

Es un deber de los revolucionarios defender al proyecto de las agresiones externas y la burda, incisiva y poderosa tergiversación mediática, pero no es el único deber. Cuando se hace eso y a la vez se niegan o solapan los errores propios, se está militando a favor de los que no quieren que Cuba avance (aunque no sea la intención).

La mejor y más militante manera de ayudar al gobierno que representa el proyecto de la Revolución no es justificando cada medida, sino alertando y debatiendo, especialmente sobre lo fallido o lo que queda por hacer. A los ojos de los jóvenes que se asoman a sus primeras motivaciones políticas serán verdaderamente creíbles los revolucionarios que, como el Che, son tan duros con el imperialismo como con las insuficiencias propias.

Precisamente, en la estratégica tarea de movilizar a los no revolucionarios a favor del Socialismo, uno de los grandes retos es mostrar que la excesiva centralización, la aversión al pensamiento diferente, la acrítica justificación de todo lo que se hace, la creencia de que la rebeldía internacional da derecho a incomprender la rebeldía interna, son expresiones de una manera de interpretar el Socialismo y el ser revolucionario que niega sus esencias. El Socialismo es otra cosa, con la que es posible y necesario poner a soñar a los jóvenes. Nuestra historia es testigo.

La gente por la que vale la pena una Revolución, los humildes, los hombres y mujeres que viven muy modestamente o muy por debajo de lo que merecen, los que lo hacen sin renunciar al proyecto revolucionario, los que perdieron o disminuyeron su fe pero siguen trabajando honradamente, los que edifican familias y valores, los que no tienen tiempo para estos debates, merecen un diálogo no excluyente, una visión más aterrizada y menos modélica del presente y del futuro.

Más que diálogo, esa gente merece avanzar. Merece que no se olvide lo que costó llegar aquí y el valor histórico y simbólico del istmo de 1959, pero merece también que el proyecto social se parezca a los jóvenes que lo habitan y hacen posible; que comulgue con el proyecto individual de cada cual; que sea de avanzada y transgresor en la ideología, la democracia, la ciencia, la tecnología, la comunicación, el arte; que entienda la urgencia de hacer para ayer los cambios que todos aprobamos (y más); que pida compromiso (más que nada con el pueblo y la verdad); que no deje de ser hereje y, por tanto, de valorar la herejía.

Y ese avance, ese proyecto social que necesitamos, será muy difícil de alcanzar si esperamos que sea obra únicamente de los no revolucionarios, de los revolucionarios del tipo A o de los revolucionarios del tipo B o del C. Debe ser una construcción de todos.

Ser o no ser, definitivamente, no es la cuestión.

Fuente: http://amanoysinpermio.blogspot.com/2017/03/ser-o-no-ser-esa-no-es-la-cuestion.html


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Foto de Dago para Doris

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domingo, 5 de marzo de 2017

El caso Ravsberg

Esteban Morales

Como se diría en buen cubano, hace tiempo ya “ que me la tienen pelada” con el caso de este periodista, que lleva más de 20 años viviendo en Cuba;  tiene hijos, mujer, familia, en fin, es en la practica un ciudadano de este país.

El que tenga algo serio contra Ravsberg, que me lo diga, porque yo soy revolucionario y no quiero hacerle daño a la Revolución.

 No le debo favores a Ravsberg, pero debo decir, que cuando me quitaron la militancia del partido por un artículo que no gusto a cierto nivel, me botaron de la Mesa Redonda y me sacaron del noticiero matutino de la televisión, el único periodista que tuvo la valentía de escribir sobre mi caso fue este señor, que ni lo conocía personalmente.

Si el final  descubro que Ravsberg es un agente del enemigo, a lo mejor me hago una autocritica;  digo a lo mejor, porque en algún momento a mi me trataron igual y nadie se hizo una autocritica cuando descubrieron que había sido un error.

Yo, además, debo tener problemas ideológicos, porque hasta ahora no he leído un  solo artículo de este periodista, al menos de los publicados en  Cuba, que no me haya gustado. Hasta los más picantes, incluso  me encantan, porque en  este País sobra gente a la que hay que ponerle “ajicitos” “ “en sálvese sea la parte”,  para que se muevan y cumplan con su deber. Y los artículos de Ravsberg se las pintan para esa gestión.

Pero lo de Ravsberg ya no tiene nombre, hace poco, la vicepresidenta de la UPEC se dio  el lujo de hacer insinuaciones contra  él y ahora, más recientemente, en su  blog, una periodista, que no se si  ya  ha logrado acumular la calidad periodística que tanta falta nos hace,  se da el lujo hasta de amenazarlo. Esto se  me está  pareciendo   a Centroamérica, con la única diferencia  de que no los asesinan en la calle.

 La UPEC por su parte respondió que como Ravsberg era extranjero no le fue  posible aceptar la denuncia del periodista. Algo, la verdad,  que se me parece un poco  a la xenofobia que le criticamos a otros. ¿Así que Ravsberg por ser extranjero no tiene derecho a que la UPEC lo defienda? ¿Querrá decir esto que hasta podrían matarlo y no pagarlo? Por menos  que eso,  la UPEC le ha retirado el carnet a un miembro de su gremio. Creo que los compañeros de la UPEC debieran asesorarse con un abogado constitucionalista.

Claro,  cuando Ravsberg escribe lo hace con la valentía que debieran tener algunos de los  nuestros.  Dice las verdades, sean malas o  buenas y critica todo lo que considera debe ser criticado. Eso,  sin dudas,  choca con una epidemia  que siempre hemos padecido, donde el virus, más bien las  bacterias, de las verdades a medias, las ausencias de información  y  la metástasis de la  adulonería, combinadas con la  apología, están acabando con nosotros.
Nuestras deficiencias informativas son de tal magnitud, que llegamos hasta a proteger a los corruptos. Apenas informamos sobre  estos hechos y las caras de los corruptos no aparecen por ninguna parte.

Digo,  con toda sinceridad, que lo dejemos tranquilo, que solo está haciendo su trabajo. Equivocarse, puede como cualquiera, aunque ojala todos los que se equivocaran lo hicieran por exceso y no por defecto, que resultan  ser la inmensa mayoría.

Ravsberg  pertenece a esa prensa, donde están  la inmensa mayoría de los intelectuales que escribimos,  que nunca encontramos espacio  en la llamada “prensa oficial”, porque lo que escribimos no gusta;  porque nos interesa más estar  delante de la noticia que detrás de ella;  porque nos mueven los acontecimientos de la vida real, sobre todo decir las verdades; para poder incidir sobre la vida social; porque hacemos criticas para mejorar el País;  porque disponemos de una computadora y de un correo electrónico y de  algunos de ciertos accesos a internet, que nadie nos puede quitar.

Además, aconsejo, que cuando Ravsberg escriba un artículo que no sea del agrado de alguien. Lo que hay que hacer es escribir  otro  mejor. No amenazarlo.


Marzo 3 del 2017.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Los ladrones del FMI

                                    por Guillermo Rodríguez Rivera

Con la mordacidad que fue uno de los atributos de su inteligencia, escribía Bertolt Brecht: “¡Qué insignificante es el delito de asaltar un banco, comparado con el delito de fundar un banco!”

Las agencias de noticias nos dejan saber que el exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional, el español Rodrigo Rato, también exvicepresidente del gobierno español bajo la presidencia de José María Aznar, ha sido condenado a cuatro años de cárcel por desvío de fondos y administración desleal.

Pero la actual directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde, fue condenada en el pasado mes de diciembre, a un año de prisión y a pagar una multa de 15 mil euros por un delito semejante, en los tiempos en que fuera ministra de economía de la república francesa.

Me pregunto: una condena de ese tipo ¿le permite a madame Lagarde continuar desempeñándose al frente del FMI?

El FMI es un gran usurero internacional. La mayor parte de las naciones del mundo ha pagado la inevitable deuda externa cuando pagaron los intereses de ella, pero siguen debiendo el capital principal, y la deuda externa se va convirtiendo en la deuda “eterna”. Ahora mismo, Grecia está condenada a tener un superávit de más de un 2 % por encima del producto interno bruto para recibir los préstamos que le permiten abonar los intereses de la deuda: esto es, que la deuda trae más y más deudas.

Ni el pueblo ni el gobierno griego quieren conseguir ese superávit porque solo se lograría recortando los gastos es educación, salud, salarios y pensiones. Es el superávit de más austeridad, que únicamente traerá más miseria para los griegos “de a pie”.

A don Rodrigo Rato lo han condenado por un oscuro manejo de las tarjetas de crédito de Caja Madrid, uno de los bancos de la capital española, y a madame Lagarde por desvío de fondos en sus tiempos de ministra de economía de Francia, pero parece que esa condena no le impide mantenerse al frente del FMI, como acaso tampoco se lo habría impedido al correligionario de Aznar.

Acaso la junta directiva del Fondo Monetario Internacional esté aplicando el elemental razonamiento del maestro Brecht: ¿qué significan los delitos de desviar fondos de los ahorristas de Caja Madrid o del erario público francés, frente al enorme delito de ser el director gerente del FMI?

Mientras a madame Lagarde no se la condene e inhabilite por estar al frente del gran usurero internacional, sus otros delitos serán siempre menores.

jueves, 23 de febrero de 2017

25 sabores de Coppelia

Centropablonoticias comparte el texto que sigue, leído por Jorge Gómez, director y uno de los fundadores del grupo Moncada, en la primera mesa del Coloquio por los 50 años de la creación de la revista Pensamiento Crítico, realizado en la Casa del Alba Cultural el pasado 21 de febrero y organizado por un grupo de jóvenes investigadores cubanos entusiasmados y comprometidos con el análisis de los problemas (pasados y actuales) del país y los avatares de la historia del pensamiento revolucionario.

Escrito con la pasión y el encanto de la memoria transitada, el texto sobrevuela lugares y momentos de la historia vivida por el autor –que es la historia de parte de su generación y del pueblo en general.

Jorge Gómez fue colaborador de la revista y profesor en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, centro de aquel fructífero empeño editorial que documentó los avatares de la realidad cubana, latinoamericana y mundial durante los años en que fue publicada.

Leído en la mesa que tenía como tema las circunstancias de la aparición de la publicación, el texto nos entrega, al mismo tiempo, la magia de la memoria y la belleza cómplice que el autor decidió compartir con nosotros. Aquí está.

                                                                                                         Víctor Casaus


25 sabores de Coppelia
por Jorge Gómez

El centro de la Habana se había desplazado definitivamente hacia la zona del Vedado. La Rampa era una especie de parque de ciudad grande, en que los jóvenes iban a nada y a todo, a ver y a dejarse ver. En la esquina de L y 23, el cine Warner, famoso entre los circuitos de estreno de la capital, había perdido su nombre americano para tomar el de Radiocentro, para volverlo a perder enseguida, y tomar el nombre cubano y revolucionario de Yara. El hotel Havana Hilton nacionalizado bien temprano, también había cambiado su nombre por el de Habana Libre, y prácticamente era el punto de partida de todo el tránsito, el lugar obligado de todas las citas (amorosas o no) y todos los encuentros.

En los terrenos de lo que había sido un hospital más bien sórdido, se acababa de levantar, semejante a un platillo volador, la más grande de las heladerías de la historia nacional, en la que se podía degustar los que vendrían a ser también los mejores helados de esa historia, émulos declarados de los tan encumbrados Howard Johnson, con más de treinta sabores (algunos de los cuales tendrían nombres tan lejanos de nuestra cultura del helado cotidiano como “pistaccio”, “chocolate nuez”, “crema escocesa”, “ajonjolí” o “creme de vie”) y más de veinte especialidades. 

La Universidad de la Habana está a unos escasos trescientos metros. Los jóvenes profesores de Filosofía y los de Letras, los estudiantes de Economía y Planificación, los que estrenaban la carrera de Psicología o los cursos acelerados de Sociología, los trovadores y los poetas más exquisitos, los pintores sin galerías para exponer aún, los latinoamericanos de varios países que después serían guerrilleros (algunos serían mártires), las muchachas que no esperaban a que la FMC las hiciera iguales, los que ganaban el Premio Casa de la Américas o el Premio David como si fuera lo más natural de la vida, sin alboroto.

No fue una bohemia de bares y cantinas, de consumos exóticos o rebuscados. Bastaba un helado, incluso el más común helado de vainilla, para estar, hasta bien entrada la noche, tratando de componer un mundo en que todos (hasta los más preclaros pensadores de generaciones anteriores) éramos puros diletantes.

La música bailable

Probablemente, mi mejor amigo de la adolescencia fue Ángel Hernández.  Él tenía una particular habilidad para simplificar y hacer simpáticos los enunciados más difíciles de cualquier filosofía. Ambos éramos fanáticos de la música. Él tranquilizaba mis tormentos existenciales, cuando me decía, con total convicción: “En Cuba, el deporte es la pelota; y el arte, la música… La música es la música popular… y la música popular, la bailable”. Quiero que este sea mi homenaje a ese joven eterno que lamentablemente, ya no estará más cono nosotros.  Voy a  comenzar precisamente por ahí.

En aquellos momentos, se había consolidado uno de los hechos más significativos en la historia del baile popular: el estilo “casino” y la llamada “rueda de casino”, una curiosa mezcla de sabrosura criolla y giros de rock and roll.

Ya la Sonora Matancera era sólo un recuerdo, pero el Conjunto Casino era imprescindible. Faz, Ribot y Espí cantaban (los tres en un solo micrófono, como exigía la época), y se podía ver fácilmente cómo viajaban los camaroneros, encendiendo estrellas en el litoral, y había que parar de bailar una, dos, tres veces según se parara la bola.

Chappotín, Lilí Martínez y Miguelito Cuní saborean el quimbombó que resbala, venden el saco de carbón a tres quilos, comen candela, y se salpican cuando el tiburón se baña. 

La Orquesta América y la Aragón, habían trasladado a los ’60 el sonido charanguero. Abelardo Barroso, que ya entonces era una persona “mayor”, pegó a la Sensación. Dijo que era guajiro y que venía de Cunagua, pintaba a Matanzas confusa y las  Cuevas de Bellamar, y nunca se cansó de pedirle a Macorina que le pusiera la mano aquí. En la Orquesta de Neno González, un cantante atormentado reclamaba dramáticamente a la amada no saber besar ni estrujarse en una boca –“porque eres cobarde”—, y concluía con un apoteósico marañón, que definitivamente le gustaba mucho más.

Desenfadado e informal, irreverente y maravilloso, el Beny cantaba a Santa Isabel de las Lajas, querida; a Cienfuegos, la ciudad que más le gustaba; a Santiago de Cuba, policromada estampa criolla que derretía el sol; a la Bahía del Manzanillo, donde pescaba la luna en el mar… tantos lugares inmortalizados por una sola voz, como la camarera que le servía un trago de ron y tomaba cerveza junto a su corazón…

El grupo Lulu Yonkori había dado la sopita en botella a todo el país, en el primer guaguancó grabado en disco (“El vive bien”, 1956).

Rumbavana nos descubría a Juan Formell cuando Van Van era sólo un proyecto y al Son de Adalberto, cuando todavía no se pensaba en Son 14.

Pello el Afrokán, hacía mover a toda la isla con el mozambique, un ritmo tan explosivo como efímero. 

Al frente de Los Bocucos, un conjunto en el que Ibrahim Ferrer tocaba el güiro y hacía coros, Pacho Alonso no quería piedra en su camino. A él no le importaba que le dijeran feo, pero, como Faustino Oramas, estaba preocupado porque en Guayabero le querían dar.

La canción y el bolero

De todas partes nos llegaba alguna canción. De Francia, valía la pena el armenio-parisino Charles Aznavour, a pesar de algunas traducciones al español con kitsch de campeonato, y Jean Ferrat (a partir del éxito taquillero de “La vieja dama indigna”).

De Italia, estaban recién entrando las canciones de Sergio Endrigo, en sus originales y en versiones de Roberto Carlos o Dyango. Pero eran “convoyadas” con Rita Pavone (¡ay, aquella lamentable versión de “If I had a hammer” de Pete Seeger!), y con lo bueno y lo malo de las canciones que andaban en el entorno de los festivales de Sanremo.

De España nos llegaban, por supuesto, muchas más propuestas. De modo que al notable descubrimiento de Joan Manuel Serrat, había que sumarle Karina, Marisol, Rocío Durcal en su etapa española, Raphael, Nino Bravo, Juan y Junior… y todo lo que hoy suele llamarse “la década prodigiosa”, y que entonces le llamábamos “la música de Nocturno”

Esa misma música multiplicada nos llegaba de América Latina. Sería interminable la lista, y habría de todo como en botica. Pero habría que destacar a los Buckis, de México, y al argentino Leonardo Favio, quien quizás simplemente le regalara una rosa, a la que fue suya un verano, solamente un verano.

En Cuba, el temperamento de Lourdes Torres, recién salida de Los Modernistas, creaba un desafiante estilo feminista que ha permanecido por muchos años casi intacto en nuestra cancionística. Martha Strada rompía muchos esquemas interpretativos, y lograba hacer una versión de “La mamma” más dramática aún que el ya dramático original de Aznavour.

El bolero de los ’60 tenía sus héroes. Orlando Vallejo, dueño y señor de las victrolas. Orlando Contreras “la voz romántica de Cuba” al que nada lo colocó tan en la cima como “Un amigo mío”, el primer “Rashomon” bolerístico de la historia. José Tejedor, el maestro del bolero moruno. Ñico Membiela, que tuvo un éxito rotundo con lo que hoy se llamaría un “mashup” que unía el viejo bolerón mexicano “Contigo” con otro, llamado “Besos salvajes”, de confusa paternidad y texto de José Ángel Buesa, pero nada lo haría tan popular como aquel “Boxeo de amor”, un antecedente insólito de la canción erótica. Y, por supuesto, Lino Borges, su corazón hecho cristal y su irrepetible versión del clásico mexicano “Vida consentida”.

Hubo muchos cuartetos entonces. Pero habría dos llamados a brillar con luz muy especial.
Los Meme convirtieron en hits nacionales todos los temas de Meme Solís, y piezas tan distintas entre sí como “El torrente” y “Sans toi”, el hermoso tema compuesto por Michel Legrand para el film “Cleo de 5 a 7” (Agnes Varda, 1962).

En el otro extremo de la cuerda, cuatro jóvenes pobres y habaneros, conocedores de todas las vicisitudes de la vida mundanal, saltaron del barrio a la inmortalidad en poco más de dos años, con el nombre de Los Zafiros. Las muertes de Ignacio y Kike Morúa en plena juventud dejaron en todos una desconcertante sensación de vacío. 

La música “americana”

Ya habían pasado los mejores momentos de Elvis Presley, y los éxitos de Bill Haley (con su guitarra, su buscanovio y sus Cometas) eran, cuando más, un eco que se iba perdiendo a la distancia. A decir verdad, ni James Brown, ni Janis Joplin y mucho menos Jimi Hendrix tuvieron gran impacto en el sonido que circulaba en las calles cubanas de los ’60. “Woodstock” era sólo una referencia para algunos entendidos. En su lugar, llegaba una música más “aséptica”, diseñada por la industria del entretenimiento, con talentos como Paul Anka (¡ah, aquel disco memorable, al que por acá se le llamaba “Los 15 de Paul Anka”, imprescindible en toda fiesta adolescente!). 

También acreditable a Nocturno es la entrada de algunos clásicos de la música soul, los imprescindibles sonidos del silencio de Simon & Garfunkel, y el mítico cuarteto The Mamas and the Papas (“Monday, Monday”, “San Francisco”), que nos convocaron a otra manera de escuchar la música “americana”.

Todavía era raro escuchar a Bob Dylan o Joan Baez, y aún más a Leonard Cohen. Nadie había invitado a Lennon a sentarse en un parque habanero, y tener una placa de los Beatles era pasaporte seguro para ser invitado a todas las fiestas de los socios de la Universidad.

La era ya estaba pariendo un corazón, y ese año moría el hombre de ese siglo… allí. Pero esas canciones llegarían en el 68, poco después de que descubriéramos a Silvio, en uno de esos programas musicales de la televisión de entonces, contándonos su sueño de colgado y la sed de amor de una bruja amiga. Fue una sacudida. ¡Violenta!

La necesidad del “arte y la cultura de la Revolución”.

En las otras esferas, los años ’60 serían un verdadero torbellino de ideas: todo era puesto a prueba, todo era discutible, las verdades eran --cuando más-- relativas, “ni César, ni burgués, ni Dios”.

Lunes de Revolución

Desde el propio periódico Revolución, órgano oficial del Movimiento 26 de Julio, y apenas unos meses después de aquel enero del 59, se comenzó a mover el pensamiento. Convertido ya hoy en una especie de mito, el sorpresivo suplemento cultural Lunes de Revolución podía darse el lujo de hablar desde una poética de vanguardia impensable sin una verdadera revolución del pensamiento. Virgilio Piñera, Antón Arrufat, Pablo Armando Fernández, Fayad Jamis, Ambrosio Fornet, Lisandro Otero, convocados por Cabrera Infante, como Goytosolo y Carlos Fuentes, eran el cotidiano, donde había también diseños de Raúl Martínez y Tony Évora, fotos de Korda y de Raúl Corrales, y los crípticos dibujos de Chago Armada, quien, para asombro de muchos de nosotros, había escrito la mayoría de las canciones del Quinteto Rebelde.

La Casa de las Américas

Muchas veces, las instituciones, como tantas otras invenciones humanas, se parecen a sus líderes. La Casa de las Américas fue fundada en el mismo 1959, y tuvo al frente, por más de veinte años, a Haydée Santamaría.

Poco a poco, comenzaron a llegar, desde todas partes, narradores y poetas, pintores y escultores, ceramistas, las más variadas gentes y oficios de teatro, sociólogos, historiadores, folkloristas y cantores que iban poblándola como una aldea mágica, donde podían coincidir, a la hora menos pensada del día menos pensado, digamos Julio Cortázar, Pete Seeger, Roberto Matta, Roque Dalton, Roy Brown, Argeliers León y Regis Debray.

Comenzó a ser una moda juvenil asistir a cuanto evento se produjera en la Casa. El Premio Literario Casa de las Américas era seguido como se siguen en otras latitudes las ceremonias de los Oscar y los Grammy.

Un buen día, la Casa convocó a un encuentro de la “canción protesta”, que tendría ecos impredecibles. La entonces joven (y siempre incansable) Estela Bravo tuvo a su cargo la organización de ese evento sin precedentes. En la propaganda del encuentro, apareció por primera vez la hermosa rosa sangrante diseñada por Alfredo Rostgaard, que sigue dando la vuelta al mundo como símbolo de la canción comprometida.

El Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC).

También en los primeros meses de 1959, se había creado el ICAIC.

Tan temprano como en 1962, ya habían aparecido más de un centenar de emisiones del Noticiero ICAIC Latinoamericano, verdaderos ejemplos del buen hacer; se había fundado la Cinemateca de Cuba con una impresionante programación, y protegiendo todos los fondos cinematográficos cubanos; habían sido publicados decenas de números de la revista Cine Cubano; habían aparecido también decenas de documentales con un lenguaje que prefiguraba toda una escuela cubana del género, de la cual podría hablarse con nombre propio, y que comenzaba a ser noticia en los grandes eventos cinematográficos, en los que abundaron, desde entonces, los premios y los reconocimientos.

El ejemplo total: Santiago Álvarez, una especie de ser de otra galaxia, que abrió fuego graneado hacia todas las direcciones. En ese año, llegó la magia irrepetible de “Por primera vez” (Octavio Cortázar, 1967). Definitivamente nos convencieron de que el documental tenía vida propia, y no sería ya, nunca más, el simple “complemento” de la “película” en los cines cubanos. 

A Julio García Espinosa se deben, por lo menos, dos grandes largometrajes: “Cuba baila” (1960) y “Aventuras de Juan Quin Quin” (1968). A Manuel Octavio Gómez, “La salación” (1965) –un tema “atrevido” para la época– y “La primera carga al machete” (1969). A Humberto Solás, apenas dos títulos le valieron reconocimiento inmediato: “Manuela” (1967) y “Lucía” (1969).

Pero, sobre todo, ahí estaba Titón. Siete filmes en esa década, entre ellos tres de los más recordados de toda la historia del cine cubano: “Las doce sillas” (1962), La muerte de un burócrata” (1966) y el clásico de clásicos “Memorias del subdesarrollo” (1968).

Como si esto fuera poco, el ICAIC había logrado un sub-producto extraordinario: la producción de carteles. Lo curioso es que aquel lenguaje rebuscado, siempre distante de la inmediatez ramplona de una buena parte de lo que aparecía como propaganda en otros sectores, era entendido por los más. El que no tuviera una buena colección de “afiches” del ICAIC colgado en sus paredes, no podía aspirar a mucho.

Es acreditable también al ICAIC, y a la paciencia y sabiduría de Alfredo Guevara, la creación del Grupo de Experimentación Sonora, verdadero laboratorio creativo en el que todo sería posible, y que dotó al cine cubano de una personalidad sonora única y reconocible.

Inventando cuanto había que inventar, abriendo una perspectiva inconmensurable, el ICAIC nos propuso ver el mejor cine del mundo en medio de polémicas que, en oportunidades, trascendieron el mundo cultural para adentrarse en los muchos vericuetos ideo-políticos que una revolución naciente va generando por su propia naturaleza.

Anita Ekberg, ebria, se movía, con su sueca sensualidad, dentro de la Fontana de Trevi en el mismo cine en que Monica Vitti tenía aquella mirada siempre perdida, Cybulski era tan intenso como James Dean, un niño inválido disparaba a una paloma blanca, Jana Projorenko llenaba de ternura los últimos días de un joven soldado devenido héroe por casualidad y Tatiana Samoilova miraba pasar las grullas bajo un cielo encapotado. Chrujai, Kalatosov, Fellini, Polanski, Truffau, Tony Richardson, Saura, Antonioni aseguraban llenos completos en cualquier cine incluyendo los llamados cines de barrio. Nada mal.

La literatura

Ya habíamos conocido a Ti Noel, el seguidor de Mackandal, y habíamos escuchado toda la Sinfonía Heroica en el Auditorium, metidos en la dolorosa persecución de “El acoso”.  Así nos fuimos preparando para las complicadas aventuras mundanales del iluminado Victor Hughes, y sus escarceos amorosos con Sofía. Carpentier. El realismo mágico. Un arte superior.

El senador Gabriel Cedrón afirmaba: “El país avanza, señores. ¡Esa es la situación!”, y Lisandro Otero arrancaba su trilogía cubana con un premio Casa de las Américas.

Habían comenzado a llegar algunos libros “medulares”. Los hombres de aquel general llamado Panfilov, estuvieron muchos años literalmente “en primera línea”. El espíritu aventurero de toda una generación saltó de los aviones cazas que piloteaban los “Halcones negros” directo a la carretera que llevaba a Volokolansk. 

Empezaron a ser como de la familia, todos los Buendía de “Cien años de soledad”, Aura y Felipe Montero, Pedro Páramo y Juan Preciado, el Jaguar y el Esclavo, la Maga y Rocamadour. Sabíamos, por Vallejo que hay golpes tan fuertes en la vida como del odio de Dios y que Walt Whitman se cantaba y se celebraba, con toda la razón de saberse un ser humano, pero sobre todo que Neruda podía escribir los versos más tristes esa noche, pero nos estaba pidiendo un minuto sonoro para la Sierra Maestra, y, que Juan Gelman reclamaba a gritos que se nos abriera la puerta de la historia para entrar con Fidel, con el Caballo.

Fayad Jamis había publicado “Los puentes”. Fue un descubrimiento. Todos anduvimos por París. Todos fuimos vagabundos de la ciudad, el otoño y el alba. Todos nos enamoramos de Kinnairam, la perseguida del cuento árabe para Mariannik. Pero a ese poemario accedimos sólo después de que ya habíamos quedado desarmados cuando leímos, por primera vez, los poemas simples y directos de “Por esta libertad” (Premio Casa de las Américas, 1962) y nos convencimos una vez más de que habría que darlo todo, hasta la sombra, si fuera necesario, por aquella libertad de canción bajo la lluvia.

Fernández Retamar, trataba de construir una escuela con las mismas manos de acariciarla (a ella, la eterna y desconocida musa de los poetas), se preguntaba si aquella voz de Beny Moré era ya la voz de nadie, y si en el futuro previsible habría bastón. “Con las mismas manos” (1962) fue el otro gran poemario de cabecera.

Ahí, al lado, teníamos a Jesús. Tipo del barrio, unía a su enorme talento y su necesidad de saber de todo, un notable carisma y unas extraordinarias dotes de comunicador. “¡Pendejo!”, decía el personaje. ¡En la primera página del libro! Como un mazazo. Algo tan inesperado como necesario. “¡Pendejo!”, dos veces más ¡en la misma página! Después vendrían uno tras otro, los diez relatos que conforman “Los años duros” (Premio Casa en 1966), la bengala, la clarinada que anunciaba el comienzo de una nueva literatura. Así lo sentíamos todos.

El Chino Heras había estado en Playa Girón y, en un pequeño libro de cuentos, dejó, mucho más que la épica de aquella gesta, algunas de nuestras vivencias definitivas, a propósito de seis jóvenes combatientes con sus seis nombres y sus seis circunstancias. El último se llama “Eduardo”, y narra la más profunda de sus tribulaciones: “Se acabó, la guerra ha terminado y estás vivo…”

Víctor inmortalizaba los ya inmortales restos de las Ruinas de Pompeya y bendecía los muslos feroces de Bárbara, dondequiera que estuvieran, por los mismos días en que Guillermo nos ofrecía una deliciosa receta de amor, que nunca incluyó el matrimonio. 

El teatro

Sobreviviendo a su pasado reciente, ya Teatro Estudio se había asentado en el Hubert de Blanck, y ya habían logrado convencer a todos de que Fuenteovejuna fue quien mató al Comendador, que el teatro político no tenía que ser aburrido, y que el teatro cubano podía ser alimento de las grandes masas. “Contigo pan y cebolla” (Héctor Quintero) y más tarde “La noche de los asesinos” (José Triana) abarrotaban la sala y obligaban a repetirlas una y otra vez.

Sartre y Simone de Beauvoir asisten al reestreno de “Electra Garrigó”, Virgilio Piñera sigue, contando parte de su vida contradictoria en “Aire frío” y, en este mismo 1967, sus “Dos viejos pánicos” le darán el premio Casa de las Américas.

Camila no quiere que Ñico se vaya, lo “amarra”, lo persigue, pero algo está cambiando a su alrededor, y la lucha de lo que se prefigura como futuro contra ciertos atavismos ancestrales es inevitable. “Santa Camila de la Habana Vieja” (José Ramón Brene) se apodera de los escenarios, y entra en la televisión.

Estorino estrena “El robo del cochino”, “Las vacas gordas” y “La casa vieja”. Antón Arrufat recién estrena “Todos los domingos”, y prepara “Los siete contra Tebas”. Héctor Quintero vuelve con “El premio flaco”. Todo está listo para la entrada en escena de “María Antonia” (Eugenio Hernández), un clásico temprano del teatro cubano de la Revolución.

Nuevamente emprendedor y vanguardista, Vicente Revuelta encabeza la tropa que, bajo el nombre de Los Doce, ha comenzado el acercamiento a la técnica teatral de Grotowski.

En otro extremo, y buscando las razones para un teatro nuevo entre los montes de la Sierra del Escambray, en las pequeñas miserias y el heroísmo cotidiano, Sergio Corrieri y Gisela Hernández han comenzado a desplegar un movimiento que tendrá dimensiones extraordinarias. 

Los viejos sueños de titiriteros recalcitrantemente activos comenzaban a hacerse realidad en medio del Vedado, en la parte más baja del edificio más alto de Cuba. Del ingenuo y cubanísimo “Pelusín del Monte” al muy atrevido y lorquiano “Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín”, el Teatro Nacional de Guiñol se sumaba a la poderosa ofensiva teatral. 

Las artes plásticas

De muchas maneras llegaba el vigoroso legado de las vanguardias de la plástica cubana de décadas anteriores, pero nada nos sería tan cercano como el trazo fuerte y los azules intensos del mural de Amelia Peláez en la fachada del Habana Libre, paso obligado de la Universidad a La Rampa.

Los colores del carnaval, los que se posan sobre rostros perfectos de mujeres, los diablitos y otros santos populares, todos convulsionando en paisajes de una ciudad abigarrada en la que uno se reconoce y se extraña. Portocarrero había acaparado la visualidad del cotidiano habanero.
Cabrera Moreno, viaja de la pintura épica a la más delicada sensualidad expresionista.

Pero, sin dudas, el más popular es Raúl Martínez el gran gurú del pop nacional. Para eso, bastaban las secuencias y reiteraciones de imágenes de Martí, que luego extendería a otros héroes como el Che, Camilo y el propio Fidel.

Es también exactamente en este 1967 que el famoso Salón de Mayo del Museo de Arte Moderno de Francia decide tomar La Habana. El Pabellón Cuba crecía en todos los imaginarios posibles, las nuevas aceras de La Rampa se llenan de cuadros empotrados en su granito, que la gente evita pisar, mientras la música iconoclasta de Juan Blanco intenta acompañar aquella instalación permanente.

Algunas publicaciones

Una buena cantidad de publicaciones llenan las librerías y los estanquillos. Es imposible buscar tanto en la memoria. Konstantinov, Roger Garaudy, Sánchez Vázquez, Louis Althusser, el Che,  Adam Schaft, Galeano, Regis Debray, Bertrand Russel, la teología de la liberación, Franz Fanon…

Tan cercano El Caimán Barbudo… tan lejana Teoría y Práctica.

¿Yo?

Febrero de 1967. ¡TODO ESO! está pasando por estas calles. A la velocidad de la luz. Y sólo hemos vivido ocho años de Revolución.

Un año antes, caminando desde la parada de la 37, llegué por primera vez al Departamento de Filosofía, con mi camisa gris de trabajo y mis botas rusas… todo tan a la moda.

¿Cómo es que llegué a escribir en un libro de texto para la Universidad? ¿Cómo pude batirme de tú por tú con Michel Guttelman? ¿Cómo redacté una parte del “folletón” sobre política económica? ¿Quién me dijo que yo podía inventar ese primer curso de Estética en la ENA? ¿Qué hago sentado en la oficina de los asesores del Presidente del ICRT? ¿Cómo llegué a compilar con Eugenio ese volumen trascendente de la revista Referencias en que por primera vez estarían juntos Teodoro Adorno, Umberto Eco, Gunther Anders y Armand y Michelle Mattelard, y una docena más de especialistas, para hablar de medios de comunicación masiva y de industrias culturales? ¿Cómo he podido prologar este tremendo volumen? ¿Cómo la Antología de Manuel Sacristán sobre la obra de Gramsci, o la edición cubana de “Eros y Civilización” de Marcuse?

No sé. No me lo creo.

Pero recuerdo bien cuando hojeé las páginas del primer número de Pensamiento Crítico, cuando sentí aquel olor de tinta fresca que era como los zapatos nuevos de mi infancia. Tenía entonces 24 años.

Recuerdo también la portada amarilla y violeta del número 41.

Parece que todo me pasó entre los 24 y los 27.

Hoy es febrero de 2017. Gracias a mis errores como filósofo, he conocido una buena parte del mundo, algunos de sus mejores y más famosos escenarios y estaciones de televisión, mucha gente me reconoce en las calles, me saludan al pasar, y siento que me quieren, tengo una excelente relación personal con Leo Brouwer y Frank Fernández, con Vicente Feliú y Adrián Berazaín, con Elito Revé y con los dos Alexander (el de Habana de Primera y el de Gente de Zona).

Pero sigo teniendo un extraño sentido de pertenencia. Ante cada reto intelectual, me pregunto qué pensarán Fernando, Aurelio, qué pensará Pedro Pablo, mi compañero de la CJC, qué habrían pensado el gordo Hugo o mi hermano Angelito.

No sé dónde se reúnen ahora los muchachos como Alejandro Gumá, a quien debo la gentileza de haberme invitado al coloquio y a decir algunas de estas cosas. Donde quiera que sea, y a pesar de todo… ¡espero que haya 25 sabores!